Las Cuatro Estaciones
La obra maestra atemporal de Antonio Vivaldi, Las cuatro estaciones, lleva siglos cautivando al público, y su interpretación en el Oratorio di Santa Maria Vergine della Croce al Tempio de Florencia no es una excepción. Este cuarteto de conciertos para violín, que se inspira en el paso de las estaciones del año, es interpretado junto a obras de Wolfgang Amadeus Mozart y de Johann Sebastian Bach, así como a otra conocida pieza de Vivaldi, en un agradable edificio gótico. Este auditorio es una de las salas de conciertos más históricas y encantadoras de Florencia, un lugar ideal para escuchar la música barroca y clásica que figura en el programa.
Los conciertos de Las cuatro estaciones se publicaron en 1725 en Ámsterdam, pero los especialistas coinciden en que Vivaldi los escribió unos años antes, quizás a partir de 1720. Sin embargo, no se conoce la fecha exacta de su estreno. Además del éxito continuado de Las cuatro estaciones como pieza del repertorio moderno de las salas de concierto, su música es importante desde un punto de vista histórico. En conjunto, los conciertos representan uno de los primeros ejemplos, en la música occidental, de introducción de una narración en una obra orquestada, lo que hoy en día se conoce como “música programática”.
El concierto continua con Pequeña serenata nocturna (Eine Kleine Nachtmusik en alemán) de Mozart. Esta pieza no fue publicada hasta después de la muerte del compositor, cuando pasó a ser designada oficialmente como Serenata nº 13 en sol mayor, K 525. Al igual que Las cuatro estaciones, esta obra es considerada una forma de música de cámara. No obstante, como su título sugiere, presenta un toque ligero, y fue probablemente compuesta así para ser tan entretenida y atractiva como una obra seria. Se trata de una composición desenfadada en cuatro movimientos que hace las delicias del público cada vez que es interpretada.
La música de Vivaldi regresa al programa con su Concierto para cuerdas en sol mayor, RV 151, una pieza de tres movimientos más conocida como Concerto alla rustica. Fue compuesto en la década de 1720, aunque se desconoce la fecha exacta de su finalización. Sin embargo, es probable que su estreno tuviera lugar en la corte de la familia Ottoboni en Roma. Además del arreglo de cuerda habitual para una pieza de música de cámara, esta obra está escrita también para un par de oboes, que hacen acto de presencia en el último movimiento, un allegro.
El segundo movimiento de la Suite orquestal nº 3 en re mayor, BWV 1068 de Bach completa el concierto. A menudo es presentado bajo su título más familiar, Aria para la cuerda de sol, si bien dicho título se refiere a un arreglo de la obra original de Bach realizado por August Wilhelmj. Este violinista alemán transpuso hacia abajo la famosa melodía de Bach para que pudiera ser tocada en una sola cuerda del violín: la del sol; de ahí su nombre.
Con cuatro piezas musicales tan conocidas y admiradas, este concierto de música de cámara en el corazón de Florencia constituye un gran entretenimiento musical.